No se puede olvidar que cuando se trata de animales lo que prima es la supervivencia, aunque a veces nos resulten comportamientos crueles. Hace poco hablábamos de que muchos animales matan a sus crías, pero existen muchos más ejemplos de este tipo en la naturaleza. Hormigas que esclavizan, depredadores que juegan con la comida, hijos que se comen a su madre y viceversa… la naturaleza no entiende de reglas morales.
Este sábado coincidieron en Madrid dos concentraciones convocadas en defensa de los derechos de los animales: por un lado, la de Equanimal, que clamaba contra el Real Decreto 1628/2011, que regula el catálogo de especies consideradas “invasoras” y su erradicación mediante la caza y pesca. Por otro, AnimaNaturalis se manifestó frente a un circo por el abuso de animales en espectáculos de este tipo.
Recientemente os hablábamos de la fiesta de San Blas en Cazalilla, en la que se arroja una pava desde el campanario. Hoy lo hacemos sobre otra celebración que implica un supuesto caso de maltrato a un animal, en este caso a un burro en las fiestas del Peropalo, en Villanueva de la Vera, Cáceres.
Participan animales (o más bien, son obligados a participar), pero si hablamos de fiestas salvajes lo hacemos por los seres humanos que las practican, aprueban y defienden. Una de ellas es la que se celebra el día 3 de febrero en Cazalilla, municipio de la provincia de Jaén, en el que en el marco de las fiestas de San Blas se arroja una pava desde el campanario.