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Un bosque de muertos vivientes

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Con este nombre de cuento de fantasía apodan los biologos a los bosques víctimas de el síndrome de bosque vacío, una extinción silenciosa que esta acabando con varias especies.

Bosques de árboles moribundos, casi deshabitados por las especies animales, un panorama que bien podría recordar a cualquier escenario de una novela de Tolkien. Así es uno de los males que afectan a muchos bosques en el mundo, condenados a morir en silencio sin que nadie sepa de su agonía.

Se mueren por una razón muy sencilla: su endeble ecosistema. Las interacciones de beneficio entre seres vivos, como la simbiosis, conforman “redes mutualistas” necesarias para el mantenimiento del equilibrio en la naturaleza. Al escasear las especies, estas se rompen y provoca este apagamiento de la vida en la zona. El síndrome.

Uno de los principales problemas para la vida en el planeta es la pérdida del papel que juegan los árboles y bosques como pulmones del mundo y marco del desarrollo de ecosistemas. «Se ha documentado la pérdida de hasta tres cuartas partes de su potencial de almacenamiento de carbono”, es decir, “los árboles siguen ahí, pero no sus funciones ecosistémicas”, explica Pedro Jordano, investigador de la Estación Biológica de Doñana.

Esperanza en las aves

“Son las jardineras del bosque y sin ellas colapsaría por completo la regeneración natural de muchos de ellos, como los bosques tropicales”. Argumenta Jordano, quien considera fundamental el papel de las aves frugívoras —las que se alimentan de frutos carnosos, flores, néctar, polen, etc.—. A través de sus heces y restos de flores y semillas que caen al suelo pueden devolver «la juventud» a estos bosques, y que recuperen su funcionalidad.

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