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El águila imperial y su buen momento

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Con tan solo un añito de vida, César ya surca los cielos de la Comunidad de Madrid. ¿Quién es César? Es un ejemplar de águila imperial, que fue puesto en libertad a mediados de febrero en Galapagar. Desde que era un pollo ha vivido en el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS). Ahora es un águila más en la península ibérica.

César ya surca los cielos de Madrid

Una noticia que nos llena de alegría y que refrenda la buena situación de la especie. En Madrid nunca ha habido tantas parejas de esta ave endémica desde los años cincuenta. De las 400 parejas que atraviesan los cielos de España, 71 se encuentran en esta zona. Cifras que impresionan, pues la población de águila imperial se ha triplicado desde el 2000 al 2014, según Carlos Izquierdo, consejero de Medio Ambiente y ordenación del territorio.

“No solemos poner nombres a los animales que tenemos en el CRAS, para no humanizarlos, pero esta vez hemos hecho una excepción. A César lo encontraron unos senderistas que llamaron a los agentes forestales y estos lo llevaron al centro de recuperación de Tres Cantos. El animal estaba deshidratado y tenía un problema en la cola, seguramente se había caído del nido. Así que lo recuperamos y, tras un año, es el momento de probar si está en condiciones de volver a su hábitat natural”, explica José Lara, jefe de área de flora y fauna de la Comunidad de Madrid.

El comportamiento del águila imperial

“Nosotros hemos sido casi como su madre, no vale solo con curarlo. A este animal hemos tenido que enseñarle a cazar. Es cazador, tiene unas garras que si te las pone en el brazo te lo perfora, y hay que enseñarle a cazar porque si no en la naturaleza luego no sobrevive, no es una gallina a la que hay que echar de comer”, continúa Lara.

César tendrá que buscarse la vida por sí mismo. Desde buscar comida hasta emparejarse. Una de las razones que impiden un ritmo mayor de crecimiento en el número de parejas es precisamente que cada una ocupa un área determinada y no comparten el territorio. Luchan entre ellos para ganárselo. No obstante, esta ave no estará sola, pues tiene un transmisor que indica dónde está en cada momento y en qué estado se encuentra. El aparato se le caerá de forma natural dentro de dos años.

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