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Jorge Molina: «Doñana es la muestra de lo que fue Andalucía antes de lo que es hoy»

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El 16 de octubre de 1969 nacía, vía decreto gubernamental, el Parque Nacional de Doñana. En 2019 cumple, pues, medio siglo de vida este espacio natural del suroeste español que es Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad. Una de las 25 áreas mejor protegidas y conservadas del mundo, según recoge la Green List de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El periodista andaluz Jorge Molina celebra semejante efeméride con el blog Doñana 50, un cuaderno de campo que recoge asombrosas historias ocurridas en el siglo XX en esos parajes. Anécdotas, entrevistas a los protagonistas y la información más completa sobre este trocito del paraíso.

Jorge Molina Arroyo (Cumbres Mayores, Huelva, 1965) es periodista especializado en medio ambiente. Como redactor de El Correo de Andalucía ganó los premios del Patronato de Doñana, la Estación Biológica de Doñana y el prestigioso Andalucía de Periodismo. Ha sido director de Comunicación de la Consejería de Medio Ambiente entre 2002 y 2008 y dircom del Parlamento de Andalucía entre 2008 y 2012. En su faceta de escritor, plasmó su especialidad ambiental en el libro Doñana, todo era nuevo y salvaje (Fundación José Manuel Lara, 2011), una novela-reportaje sobre la lucha desarrollada entre 1940 y 1970 para evitar la desaparición de Doñana. Y como guionista de documentales, escribió y codirigió El hombre que salvó el paraíso, que narra la aventura de José Antonio Valverde para la creación del parque nacional.

Una entrevista de Quico Pérez-Ventana.

 

– Eres autor del portal Doñana 50, que celebra el 50º aniversario de la creación del parque nacional. ¿Puedes explicarle a quien no conozca este espacio del suroeste ibérico qué es y qué representa Doñana?
– El puente entre dos continentes para la avifauna. La mezcla de esos dos continentes en cuanto a paisaje y procesos biológicos. El símbolo de la protección ambiental en Andalucía, su origen y su más intensa historia. Personas increíbles en tiempos pioneros. Hechos asombrosos, como la creación de WWF desde este rincón olvidado. Y la muestra de lo que fue Andalucía antes de que el hombre la convirtiera en lo que vemos hoy.

– ¿Por qué un blog?
– Quiero facilitar el acceso a lo poco que sé. Que comente quien lo desee lo que desee. Y darle mucha cabida al aspecto fotográfico.

– ¿Por qué tú?
– He abordado Doñana desde la literaratura, el documental, el periodismo, el ocio y mi lado más personal, cuando era un niño y luego muchacho que vivió diez años allí. Creo que hay muchas historias que deben conocerse. Y a la vista de que el 50 aniversario es una buena excusa, vaya, como nadie lo hace, pues he dado el paso.

– ¿Por qué Doñana?
– Cada cual es preso de su destino. Si te gusta lo medio ambiental, el periodismo, escribir, y vives en Sevilla, pues Doñana es el principio y fin de todo.

 

«Había unas tarifas. Quien traía una cola de lince, 20 pesetas. Unas patas de águila imperial, 15 o 20. Esta era la situación de España cuando miraba al campo»

 

– Eres periodista medioambiental de largo recorrido. ¿Se puede uno ganar bien la vida defendiendo lo verde? ¿No hay demasiados periodistas políticos y futbolísticos y muy pocos periodistas ambientales?
– Periodistas quedan pocos, la mayoría miran tuits y los reenvían con algún comentario banal añadido. Informar de medio ambiente exige una preparación técnica que no necesitan informadores de otros temas. Dicho esto, hay que saber llegar al público, contarles temas de interés o de manera interesante. Eso va en nuestro salario. Sea cual sea (el salario).

– Como exdirector de comunicación de la Consejería de Medio Ambiente, Junta de Andalucía, ¿qué sacaste en claro sobre Doñana?
– Que no había colectivo, desde el rociero al ecologista, desde el científico al institucional, desde los trabajadores públicos a los empresarios de la fresa, que no tuviese sus propios y particulares intereses sobre Doñana, en el sentido más poco agradable de la expresión.

– En tu libro Doñana, todo era nuevo y salvaje nos sorprendió aquello de las veinte pesetas por cada lince muerto. Recuérdanos quien cometía tal tropelía y por qué.
– Los animales que se comían por necesidad, o se cazaban por ocio, tenían valor. Hablo de conejos o perdices, por ejemplo. Los animales que se comían a estos se denominaban alimañas, y el Gobierno incentivó su caza, o aniquilación, por ese motivo citado. Había unas tarifas. Quien traía una cola de lince, 20 pesetas. Unas patas de águila imperial, 15 o 20. Esta era la situación de España cuando miraba al campo.

 

– ¿Estuvo realmente amenazado el paraíso de Doñana? ¿Hasta qué punto fue salvado por José Antonio Valverde y otros visionarios?
– Sin duda. Al lado, la laguna de la Janda, es la prueba: la mayor laguna andaluza está hoy desecada porque era prioritario cultivar. Cuando Valverde, González Gordon, Bernis y la selecta y maravillosa tropa de anglos que les ayudaron en Europa se pusieron a la labor, evitaron que se cortaran las venas que riegan Doñana y la hacen lo que es. Hoy sería otra cosa en cuanto a paisaje y ecosistemas, y sin duda su costa estaría urbanizada.

– ¿Cumplirá otros cincuenta? Doñana, queremos decir. Esperemos que tú también.
– Ja, ja, ja. Es más probable que lo haga Doñana. Bueno, es seguro. Hoy la sensibilidad ambiental es infinita comparada con la de los años 60. No se permitirá el colapso de este territorio. A no ser que los alcaldes del entorno tomen las decisiones, cosa que rezo a la Virgen del Rocío para que no ocurra.

– ¿Los periodistas ambientales son ecologistas? ¿Deben ser un pelín pesimistas o alarmistas?
– Existen temas en los que el compromiso va de suyo. No puedes hablar de la sociedad actual sin ver sus diferencias. De política internacional sin sentir las crueldades en el tercer mundo. De medio ambiente sin ver lo que grandes corporaciones, o Gobiernos, están dispuestos para aplacar intereses. La denuncia es exigible. Pero las grandes victorias deben ser festejadas, y mucho, como fue la eliminación de los gases CFC de los sprays.

 

«¿Amenazas de Doñana? La estupidez de algunos dirigentes que siguen creyendo en hacer carreteras, dragar ríos o buscar gas. La gran baza es la educación. El saber, el conocer, el mirar y entender»

 

– ¿Se aprecia el cambio climático en Doñana?
– Cualquier agricultor, gestor de pistas de esquí o policía local que dirige el tráfico puede dar fe de que sí. Pero no se trata solo de calor. Es alteración, es cambio global. Y todo eso va a costar muchísimo dinero, muchísimo.

– ¿Cómo ha sido tu relación personal con el parque? ¿Te has adentrado muchas veces por sus dunas, pinares y marismas? ¿Has visto alguna vez un lince en libertad?
– Sí, muchas. Creo que conozco sus ecosistemas, creo que es parte de mi sangre, y siento que, como tú y cualquiera, tenemos un compromiso con los entornos naturales que nos quedan. He visto linces, y he tenido cachorros en la mano, pero nunca en libertad, vaya. Ahora son 700 en lugar de 100, cada vez es más probable que ocurra.

– ¿Cuáles son las actuales amenazas de Doñana? ¿Qué podemos hacer para preservar el parque?
– La codicia. La codicia turística o agrícola son las peores desde hace años. Y la estupidez, la de algunos dirigentes que siguen creyendo en hacer carreteras, o dragar ríos, o en buscar gas. La gran baza es la educación. El saber, el conocer, el mirar y entender. La educación ambiental. Vamos avanzando, poco a poco, como cuando se camina por una duna.

– ¿Es Doñana un símbolo? ¿Es nuestra última esperanza?
– Doñana no hay que dramatizarla. Está mucho mejor que hace años en muchos aspectos clave. Es la hermana mayor, la referencia, con todos sus diplomas internacionales –todos–, para la protección ambiental. Fíjate, estoy seguro de que ninguna playa se salvará del desarrollo turístico, ninguna menos las protegidas ambientalmente. Así que luchemos en estas trincheras. Merece la pena.

El periodista ambiental Jorge Molina Arroyo. Foto: José María Pérez de Ayala.
El periodista ambiental Jorge Molina Arroyo. Foto: José María Pérez de Ayala.

 

 

 

 

 

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