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Silbia López de Lacalle: «Me duele que las tortugas pierdan ese estado de inocencia»

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Galápagos. Las islas que caminan (Next Door Publishers, 2019). Un título sugerente para un libro de ‘belleza inabarcable’. La obra, firmada por Silbia López de Lacalle (Vitoria, 1978) y Natalia Ruiz Zelmanovitch (París, 1972), se asoma a las Islas Galápagos, célebres por sus especies endémicas y por ya sabéis qué estudios de Charles Darwin. Un paraíso natural que adquiere brillo en los textos y acuarelas de estas dos periodistas y divulgadoras científicas. En el caso de Silbia, protagonista de esta charla con NaturaHoy, asume desde 2002 la oficina de prensa del Instituto de Astrofísica de Andalucía y ya veis cómo se maneja con los pinceles. Por cierto, algo pasa. Las tortugas de las Islas Galápagos ya se asustan. «Me encontré varias en una ruta en bici y, aunque intenté esquivarlas todo lo que pude, siempre oía el sonido hueco que producen al esconderse en el caparazón», dice.

Una entrevista de Quico Pérez-Ventana.

 

– Vitoriana en Granada. Periodismo científico y pintura. Impresionantes combinaciones, rediós.
– ¡Y caribeña de espíritu! La verdad es que nada de esto estaba en mis planes: ni pintar, ni vivir en Granada ni escribir sobre estrellas. Fueron surgiendo oportunidades y fui cambiando de gustos. Y así se ha fraguado este currículum un poco ortopédico que tengo. Pero funcionan muy bien estas combinaciones raras. Y está muy bien que nada salga según lo planeado.

– Tu biografía dice que anotas y dibujas sucesos normalmente relacionados con la naturaleza. Esas son las cosas que hacen los naturalistas, ¿no?
– Sí, pero a mí me falta metodología. Siempre estudio algo sobre los animales o paisajes que me interesan porque todo es más bonito si lo estudias, pero no llego a exprimirlo. Tampoco tengo una vocación por ser objetiva: casi todo lo que anoto está muy empapado de mi manera de mirar, y muchos de mis dibujos no son demasiado realistas. Suelo decir, un poco en broma, que en mi cabeza todos los pájaros son gordos, pero es verdad que casi todos los pájaros que dibujo son rechonchillos.

«Esperamos que quien lea el libro sienta cariño por las iguanas y las tortugas, y que eso le invite a interesarse por la naturaleza y cuidarla»

– Cuéntanos cómo surgió la idea de esta preciosidad de libro que publicas con Natalia Ruiz Zelmanovitch.
– Aquí también hubo mucho de casualidad. Yo suelo dibujar cuadernos de viaje y Natalia escribe cuentos en un blog colaborativo. A la vuelta de Galápagos cada una dibujó y escribió sus cosas, y un día surgió la idea de intentar publicarlo. Natalia ya había trabajado con Next Door Publishers y les enviamos el material. Sin muchas esperanzas, porque no era demasiado coherente. Pero lo acogieron con entusiasmo y han cuidado muchísimo el libro. No podemos estar más contentas con el trabajo que han hecho desde Next Door.

– ¿Has ideado algún plan para que las Islas Galápagos sigan caminando?
– Jajaja. Afortunadamente ellas seguirán caminando solas. Lo que no está claro es qué especies dejarán o no de caminar sobre sus playas, montes y volcanes, y eso sí me preocupa. En este libro no hemos querido incidir mucho en el peligro de perder un tesoro natural como Galápagos, pero es algo que está latente cada vez que pienso en ellas. Lo que sí esperamos haber conseguido es que quien lea el libro sienta cariño por las iguanas y las tortugas, y que eso le invite a interesarse por la naturaleza y cuidarla.

– ¿Para dibujar la naturaleza a acuarela es imprescindible estar frente a esa naturaleza?
– En mi caso no. El dibujo del natural me resulta bastante incómodo, porque no puedo llevarme todo el material y las posiciones tampoco son idóneas. A veces sí hago apuntes, pero solo algo rápido para recordar ideas, porque dibujo muy despacio y sería un dolor para quienes viajan conmigo. A mí me funciona muy bien pasear mucho sin mucha más pretensión, así la naturaleza se me queda mucho rato en la cabeza y luego puedo dibujar en casa y equivocarme muchísimo.

– ¿Alguna otra afición a lo natural y lo verde?
– La última son las abejas. Desde el año pasado ayudo a un amigo con sus colmenas y este año soy la flamante propietaria de una colmena de abejas preciosas.

«Las Islas Galápagos seguirán caminando solas, pero no sabemos qué especies dejarán de caminar sobre sus playas, montes y volcanes»

– ¿Qué significa eso de que «las tortugas ya se asustan»? No nos asustes.
– Eso viene de un libro, Las islas Galápagos, un arca de Noé en el Pacífico, que escribió Irenäus Eibl-Eibesfeldt, experto en el comportamiento animal que viajó a las islas en 1957 para estudiar las especies endémicas y buscar un emplazamiento para la estación biológica de las islas. Una de las primeras características que comenta es la falta de temor de estos animales. Acostumbrados a vivir sin depredadores, nosotros entre ellos, son totalmente confiados. A mí eso me enternece muchísimo. Pero la acción del hombre y de las especies introducidas ya lo ha cambiado, al menos para las tortugas. Me encontré varias en una ruta en bici y, aunque intenté esquivarlas todo lo que pude, siempre oía el sonido hueco que producen al esconderse en el caparazón. Me duele que semejante estado de inocencia se pierda.

– ¿Algún proyecto para seguir dibujando y narrando «la belleza inabarcable»?
– Sí, de hecho en este caso es tan inabarcable que me va a costar gestionarlo. A principios de enero tuve la suerte de participar en una expedición científica a Dallol, un volcán situado en el valle del Rift etíope que alberga un sistema hidrotermal con colores y formas imposibles. Cada vez que veo las fotos hiperventilo, así que a ver cómo consigo manejar algo así.

 

 

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