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Teresa Ribera: «No frenar el cambio climático supone un sufrimiento desmesurado para gran parte de la humanidad»

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Una voz sabia y autorizada en políticas medioambientales. Una gran mujer con un mensaje que clamar a viva voz. Teresa Ribera (Madrid, 1969), licenciada en Derecho y exprofesora de la Universidad Autónoma de Madrid, vio que en España estaba casi todo por hacer. Que a pesar de los inmensos impactos a los que nos enfrentamos y las grandes oportunidades que ofrecía para modernizar la economía, el asunto de la protección ambiental era un gran desconocido. Así que llegó al medio ambiente y al cambio climático desde la paz y el desarrollo. Allí halló altas responsabilidades como secretaria de Estado de Cambio Climático entre 2008 y 2011 y, recientemente, como directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI), con sede en París. «He tenido la suerte de poder contribuir a pensar y dar respuesta a muchas de las causas de la desigualdad y los problemas de un siglo XXI en el que la aldea global es una realidad. Solo si nos va bien a todos y entendemos el Planeta como un bien común podremos prosperar y ser justos», dice. Por cierto, no os perdáis su cuenta de Twitter. Muy recomendable para almas concienciadas con el problema que tenemos bajo el cielo.

Una entrevista de Quico Pérez-Ventana.

 

– Usted ha asumido en los últimos quince años altas responsabilidades políticas en materias de Cambio Climático y Desarrollo Sostenible. ¿Por qué eligió el camino medioambiental?
 Las cosas se eligen a medias. El resto lo encuentras en el camino. A veces con mucha suerte y gracias a la confianza de muchas personas. Otras veces sin tanta suerte o lamentando no poder aprovechar oportunidades. Eso nos pasa a todos y yo he tenido la gran suerte de estar entre los privilegiados que pueden trabajar en lo que les gusta. Soy funcionaria de carrera –ahora excedente– y elegí trabajar en cambio climático en el año 2000. Descubrí que era un desafío inmenso, no solo desde el punto de vista intelectual, también desde la perspectiva del servicio público, de la responsabilidad ante los ciudadanos. Pensé que desde la administración pública era posible hacer cosas, que era un tema apasionante al que yo podía contribuir. Siempre me ha importado la política y me ha parecido un deber cívico de todos contribuir al bien común, pero nunca he sido una persona activa en la vida orgánica de ningún partido. Cristina Narbona me nombró directora general de Cambio Climático. Fueron unos años muy intensos, a los que siguieron los de mi responsabilidad como secretaria de estado, primero con Elena Espinosa que confió generosamente en mí, sin apenas conocernos, y luego con Rosa Aguilar. Después pensé que lo mejor era salir unos años de España. Volver al servicio activo como funcionaria era muy difícil y un Gobierno de un color diferente, lamentablemente, no sabía muy bien qué hacer con personas como yo en aquel momento. Tampoco era fácil irme fuera por razones familiares, pero en España trabajar en medio ambiente es complicado. En el IDDRI han sido muy generosos conmigo. Es una institución fascinante, ¡ojalá hubiera unos cuantos Iddris en España! Una fundación privada de investigación y propuesta en la que ciencia, decisores y organizaciones sociales encuentran un espacio para promover soluciones y facilitar el cambio hacia una sociedad ambientalmente responsable y más equitativa y justa.

– ¿Cómo se puede hacer el mundo más verde desde la política?
– El mundo está cambiando de forma muy rápida y los límites físicos del planeta nos forzarán a culminar esa tarea si queremos sobrevivir. La cuestión es que solo desde la política se puede ayudar a hacerlo de manera ordenada y justa, acompañando a los más vulnerables en el cambio y ordenando las políticas y las señales regulatorias para facilitar el proceso. A mi juicio, el sistema fiscal, la transparencia en los riesgos y estrategias de reducción de riesgos en el sistema financiero, la integración de parámetros ecológicos y sociales en la contratación pública y una mejor regulación son fundamentales y urgentes. En demasiadas ocasiones, el error de la política ha sido retrasar el cambio u olvidar a los colectivos vulnerables usando excusas que el tiempo demuestra falsas como el mantenimiento del empleo o la viabilidad de la actividad empresarial.

«Hay creacionistas, locos, sátrapas e irresponsables y no por eso negamos la evolución, la biología o los derechos humanos»

– Aún hay mucha gente –incluso primeros ministros– que niega el cambio climático, igual que la huella humana en la Luna. ¿Es un hecho cierto en términos absolutos?
 No hay tantos, pero sí algunos. Hay creacionistas, locos, sátrapas e irresponsables y no por eso negamos la evolución, la biología o los derechos humanos. Pero no debemos consentir que esto ocurra. Hoy nos sorprendemos de que Hitler llegara al poder, y lo hizo con los votos de los alemanes. Hoy sabemos que el cambio climático no solo es cierto, sino que no frenarlo supone un sufrimiento desmesurado para una gran parte de la humanidad, así que no deberíamos consentir ni frivolizar con la presencia de irresponsables al frente de las instituciones públicas.

– ¿Se cruza con personas que ven como conceptos incompatibles el crecimiento económico y el desarrollo sostenible?
 No lo sé. Sé que la mayor parte de las personas e instituciones son conscientes de que no es viable un modelo económico o una actividad que agote los recursos de los que se nutre. Es más, hoy también se entiende, incluso en los consejos de administración, que un negocio perdurable en el tiempo requiere un nivel de compatibilidad social y ambiental elevado. No solo porque la demanda social y de los clientes vaya en esa dirección, sino porque si no están correctamente integrados el negocio simplemente deja de ser viable.

«La palabra ‘sostenibilidad’ suena hueca, pero su significado es muy cierto. Solo si conseguimos responder las necesidades de las personas dentro de los límites ambientales tenemos un futuro para nosotros y para el planeta»

– Confiésenos qué es lo mejor de dirigir una gran institución de valores medioambientales. ¿Y lo peor?
 Lo mejor es la convicción y el entusiasmo que sentimos quienes formamos parte del equipo, la satisfacción de poder contribuir a mejorar las cosas. Lo peor es descubrir que no siempre se consigue quebrar inercias y que, a veces, te azota un sentimiento de frustración o la incomprensión de terceros por no haber logrado avanzar tanto como se necesita o tanto como te hubiera gustado.

– Le hemos escuchado decir que es cierto eso de que «la sostenibilidad es el futuro». ¿Todo el mundo lo ve así?
 Yo creo que sí. Hemos utilizado tanto la palabra que, a veces, suena hueca. Pero su significado es muy cierto: solo si conseguimos responder las necesidades de las personas dentro de los límites ambientales tenemos un futuro para nosotros y para el planeta tal como lo conocemos. Y, para tener éxito, la equidad social es una premisa imprescindible.

– ¿De qué se siente más orgullosa tras estos años dedicados a las políticas medioambientales?
 De haber podido contribuir a activar las políticas climáticas en España y a muchos de los avances en la concertación a escala global.

«Estamos muy cerca de perder nuestra capacidad de anticipación y reacción. Y las consecuencias son muy serias para todos y demoledoras para los más pobres y vulnerables»

– ¿Cree que vivimos en un momento de emergencia ambiental y social, entendidas como dos caras de la misma moneda? ¿La sociedad civil es consciente de ello?
 Sí, lo creo. Estamos muy cerca de perder nuestra capacidad de anticipación y reacción. Y las consecuencias son muy serias para todos y demoledoras para los más pobres y vulnerables, por lo que el nivel de tensión social al que nos enfrentaríamos sería muy difícilmente gestionable. Yo también me pregunto a menudo si la sociedad es consciente del nivel de emergencia. Nos perdemos en distracciones y somos presa de la demagogia con demasiada facilidad. Es muy desesperante. Bastantes problemas tenemos como para perder tiempo y energía en lo que no son problemas.

– A ver, cítenos un Top 5 de los asuntos/especies que más le preocupen en la naturaleza ibérica.
 1. La falta de conciencia sobre la emergencia con la que se ha de afrontar el cambio climático: sus impactos en nuestros ecosistemas y en nuestra vida. Los riesgos a los que nos enfrentamos y que consentimos por apatía, por tolerancia con quien retrasa la transición de nuestro modelo económico y el sistema energético y quien no avanza en identificar alternativas de resiliencia y adaptación. 2. La dificultad que tenemos para amar nuestros ecosistemas, respetar especies y espacios, y la capacidad que desarrollamos para depredarlo, llenar el territorio de hormigón o condenar a nuestros conciudadanos garantes de la armonía rural a servicios de segunda. 3. El agua, la falta de una cultura generalizada respetuosa con el agua que exija la máxima eficiencia en su uso, la total depuración de la utilizada, el respeto a los caudales ecológicos… 4. El avance de un consumo desaforado, con su consiguiente generación de residuos… alimenticios, envases, de ropa, electrónicos… insuficientemente tratados. Y 5. La reducción del apoyo presupuestario a los programas ambientales y a la investigación y observación.

– ¿Y en el mundo?
 1. La pérdida acelerada de biodiversidad y la dificultad para articular respuestas a un problema tan complejo como este. 2. El deshielo acelerado de los polos, que operará una aceleración del cambio climático mucho más relevante de lo que hasta ahora habíamos estimado. 3. La lentitud con la que se abordan la capacidad de generar respuestas solidarias a quienes más sufren como consecuencia del cambio climático. 4. La deforestación y la pérdida de calidad de los suelos, poniendo en riesgo no solo biodiversidad y clima, también seguridad alimentaria. Y 5. La dificultad de instalar de forma generalizada una cultura de cooperación y coordinación en torno a estos problemas globales, con gran impacto en cuestiones tan dramáticas como las grandes migraciones, el incremento del extremismo y las tensiones entre poblaciones fragilizadas.

«Hoy experimentamos muy de cerca lo pequeño e interconectado que es el mundo. Que estamos todos en el mismo barco. O sobrevivimos todos o nos hundimos todos»

– ¿Qué podemos hacer para que las ciudades sean más verdes, más naturales?
 Pensarlas y hacerlas mejor. Cambiar patrones urbanísticos, edificatorios y de movilidad. Recuperar espacio verde y verdificar un espacio común que hoy ocupan mayoritariamente los coches. Hay además experiencias exitosas de ajardinamiento de azoteas y fachadas.

– Venga, cuéntenos brevemente su agenda para los dos o tres próximos meses. Así entenderemos cómo es la vida de un alto cargo ambiental.
 De aquí a fin de año, participo en varias citas internacionales importantes como son la conferencia anual de clima, una primera gran cita europea sobre bioeconomía y un gran debate en torno a la calidad del aire y ciudades, con alcaldes de ciudades de muchos países del mundo que vendrán a París a compartir sus experiencias. Uno de los aspectos más interesantes de mi trabajo es acompañar a los equipos del IDDRI en los avances de sus tareas y en los próximos meses tenemos unos cuantos asuntos muy interesantes como la deforestación importada –nuestra responsabilidad sobre la deforestación en países lejanos como consecuencia de lo que consumimos– o los avances en el modo de reflejar los objetivos de desarrollo sostenible en los presupuestos nacionales. Finalmente, también disfruto mucho la participación en actividades de divulgación o debate muy variados, como por ejemplo uno junto con oficiales del ejército francés sobre cuestiones de seguridad y sostenibilidad u otros con estudiantes universitarios o público general en Valencia o en Madrid.

– ¿Cree que hay suficientes medios de comunicación especializados en medio ambiente? ¿Hay bastantes periodistas medioambientales?
 Creo que los medios de comunicación están sufriendo una crisis de gran envergadura. Hay profesionales excelentes que están intentando construir nuevos espacios y hay unos medios que siguen siendo predominantes donde es difícil encontrar análisis de calidad o seguimiento correcto de temas ambientales críticos para nuestro país.

«La protección de la naturaleza no es una batalla perdida. Es una batalla muy noble contra la indiferencia, la inercia y el egoísmo»

– ¿De verdad el aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo?
 Siempre me ha gustado mucho esa expresión. La verdad es que hoy experimentamos muy de cerca lo pequeño e interconectado que es el mundo. Que estamos todos en el mismo barco. O sobrevivimos todos o nos hundimos todos. Y sí, un cambio aparentemente nimio en un lugar puede llegar a mover montañas. Un cambio en valores y percepciones puede activar la transformación de nuestras sociedades. O puede tener impactos negativos muy lejos. Pensemos en cómo se bloqueó el transporte de suministros electrónicos clave para la industria mundial al quedar paralizado el suministro eléctrico en Japón tras la catástrofe de Fukushima.

– Para terminar, una reflexión en voz bajita. ¿Siente a veces que la protección de la naturaleza es una batalla perdida? ¿Tiene a veces la sensación de estar ante un muro muy alto e infranqueable? Ahora que vuelven a estar tristemente de moda los muros…
 ¡¡No es una batalla perdida!! Es una batalla muy noble contra la indiferencia, la inercia y el egoísmo. No siempre es fácil encontrar el camino para avanzar y a veces tengo un sentimiento de desazón que es muy común entre gente que trabaja en este ámbito. Pero esto ocurre en otros muchos ámbitos y, a veces, en situaciones mucho más duras. ¡Cómo podemos abstraernos de la vergüenza de un Mediterráneo mortífero en nuestra puerta! Eso sí es un muro alto e infranqueable: la indiferencia ante el sufrimiento y la muerte de personas que huyen del horror y la guerra.

 

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