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Komodo, un dragón de lo más hogareño

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Aunque el dragón de Komodo carece de depredadores en los entornos salvajes, no suelen abandonar la zona en la que nace a lo largo de su vida.

Del Komodo se han dicho y  leído muchas cosas. Una de sus historias más extendidas es esa que cuenta que si uno de estos lagartos, que llegan a pesar hasta 70 kilogramos en sus etapa adulta, te huele en el radio de un kilómetro con el estómago vacío va hasta ti para devorarte. Bueno, no estamos muy seguros de eso según este reciente hallazgo.

Se supone que los antepasados del Veranus komodoensis tuvo que viajar largas distancias. Es la única explicación a que pudiesen extenderse por todas las islas indonesias que hoy conforman su hábitat principal. Para comprobar si los dragones del Komodo conservan el espíritu aventurero de sus ancestros, un equipo de investigación de la Universidad Deakin en Waurn Ponds, Australia, liderados por el investigador Tim Jessop. Se enfrentaron al Komodo y su mordida venenosa para capturar y poner microchips en más de 1,000 individuos de diferentes tamaños, permitiendo a los investigadores hacer un seguimiento de los movimientos de cada animal durante un período de hasta una década. En todo este tiempo ninguno de los animales abandonó el área en el que fueron encontrados.

Pero, ¿son vagos o es que aplican eso de que como en casa no se está en ninguna parte? Pues, más bien lo segundo. Para comprobarlo, los científicos australianos trasladaron a los lagartos a diferentes distancias de sus zonas. De un valle o una isla a otro.

El resultado fue que, independientemente de las peregrinaciones que hayan emprendido sus antepasados, los dragones de Komodo contemporáneos casi nunca abandonan sus valles de origen, incluso aunque ello signifique enfrentarse a un suministro de alimentos escaso o una mayor posibilidad de endogamia. Aquellos que fueron traslados de su hogar a otra parte volvieron. Solo en el caso de que un océano se interpusiese en su camino, no regresarían a casa.

 

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