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La caza de ballenas vuelve a Japón

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Hace 32 años que Japón dejó de cazar ballenas de forma oficial en sus aguas. Sin embargo, el veto ha terminado y el país nipón ha abandonado la Comisión Ballenera Internacional (CBI). Dos barcos balleneros y un buque-factoría han zarpado desde el puerto de Shimonoseki , en la costa oriental del país. Se ha celebrado hasta una ceremonia para desear suerte a los pescadores. Desde Kushiro, en la isla de Hokkaido, otros cinco pesqueros han partido para iniciar una campaña ballenera que durará un semestre. La Agencia Pesquera de Japón ha fijado una cuota máxima de cincuenta y dos balleas Minke, cienco cincuenta rorcual Bryde y veinticinco rorcual común.

Fue en 1986 cuando la CBI acordó imponer cuotas a la caza comercial de ballenas. ¿El motivo? La pesca indiscriminada de estos cetáceos, que propició que muchas especies se encontrasen al borde de la extinción. Hubo reticencias, pero los principales países balleneros, como Noruega, Islandia y Japón, aceptaron frenar la caza.

Japón y el regreso a la caza de ballenas

Tras todos estos años, Japón vuelve a la carga. Pese a las críticas de la comunidad internacional, los japoneses defienden la pesca de ballenas como parte de su tradición. Hablan de su importancia económica, aunque el consumo de la carne de ballena es escaso en el país asiático. El inicio de la campaña ballenera llega después de que Japón anunciara a finales del pasado diciembre que se retiraba de la CBI, de la que era miembro desde 1951.

En una rueda de prensa, el gobierno de Japón ha especificado que se han fijado límites de capturas con objeto de garantizar «el uso sostenible de recursos marinos». También aboga por criterios científicos. La pesca de ballenas con fines científicos fue declarada ilegal en 2014 por la Corte Internacional de la Haya, ya que no se ajustaba a dichos criterios y constituía una pesca comercial encubierta.

Para esta campaña de caza de ballenas, las capturas se realizarán únicamente en aguas territoriales del archipiélago nipón, respetando esas cuotas establecidas. Unos límites que representan menos del uno por ciento de la abundancia estimada de cada especie, según especifica el gobierno japonés.

Empleo directo: tres centenares de personas

Son casi tres centenares de personas a las que la pesca ballenera da empleo directo en Japón, sin incluir empresas de procesado y envasado de la carne de ballena, explican desde el Ejecutivo. El Gobierno tiene previsto conceder ayudar a esta industria para revitalizarla.

Islandia, Noruega y Rusia practican la caza comercial de ballenas tras presentar objeciones formales a la moratoria de la CBI, mientras que otros estados miembros, como Estados Unidos o Dinamarca, realizan capturas limitadas categorizadas como de subsistencia para comunidades aborígenes.

Algo que llama poderosamente la atención es que el carne de ballena no es popular en Japón. Su consumo en las últimas décadas se ha desplomado. En los sesenta se consumían 230 000 toneladas anuales. En los últimos años la cifra ronda las tres mil toneladas. Se estima que el japonés medio solo consume cuarenta gramos anuales de esta carne. La ballena se consume en Japón en forma de sashimi, rebozada o cocida. En la posguerra, dado su alto valor nutricional y su bajo coste fue un alimento sumamente apreciado.

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