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Las aves marinas llegan a las costas del Norte arrastradas por los temporales

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La avifauna marina está sufriendo la intensidad de los fuertes temporales de estas últimas semanas sobre las costas atlánticas, según revela el programa de seguimiento de aves orilladas en el Cantábrico y Atlántico de la España peninsular, que coordina SEO/BirdLife con fondos del proyecto europeo Interreg FAME, y que desde 2011 ha permitido muestrear mensualmente 14 tramos representativos de costa para evaluar tanto las tasas de mortalidad de aves como sus causas.

Con motivo de los últimos temporales, algunos de los colaboradores del programa FAME han intensificado sus esfuerzos de prospección. Durante el último mes tan solo tres observadores han encontrado en las playas un total de 68 araos, 32 alcas, 32 frailecillos, 10 alcatraces atlánticos, dos gaviotas tridáctilas y una gaviota enana. A todo ello se suma la aparición de rarezas o aves poco habituales en nuestras latitudes. Además, aparte del encuentro de aves marinas, también llegan mamíferos marinos muertos, como 12 cetáceos, la mayor parte de ellos delfines.

Según explica SEO BirdLife, la vida de las aves en alta mar es complicada y más aún para las especies con menos de un kilo de peso. Este esfuerzo por la supervivencia se está evidenciando estos días en el mar Cantábrico, ya que entre temporal y temporal se pueden encontrar aves que han llegado agotadas o muertas a las playas. Estas aves, especialmente álcidos como el alca, el arao o el frailecillo, son especies que pasan el invierno mar adentro y se quedan sin energía por tener que soportar tantos días de lluvia, viento y oleaje intenso. Además, estas extremas condiciones meteorológicas tampoco les permiten alimentarse, lo que complica aún más su supervivencia.

De este modo, buena parte de los álcidos que arriban a las playas del norte peninsular son ejemplares desnutridos y pueden ser recuperados con los cuidados adecuados, como se explica en este blog que indica la manera correcta de actuar y a quién hay que avisar para que, de una forma profesional, se haga cargo del ejemplar localizado .

Pero los temporales no solo arrojan a la orilla las aves que mueren por cansancio, también arrastran ejemplares muertos por otros motivos y que arriban a la costa empujadas por los vientos del norte y oeste. Su estudio permite conocer los problemas con los que las aves marinas tienen que lidiar, y aquí radica el interés del programa de seguimiento iniciado en FAME (Future of the Atlantic Marine Environment), un ambicioso proyecto estratégico de cooperación transnacional para la protección del medio marino Atlántico en el que participan socios de cinco países: Reino Unido, Irlanda, Francia, España y Portugal.

Durante los últimos muestreos realizados por los observadores Francisco Girón, Francisco Baena y Jesús Menéndez, coordinador del Grupo Ibérico de Aves Marinas en Cantabria, que colaboran con SEO/BirdLife, se han encontrado aves manchadas por hidrocarburos en Cantabria y en Galicia. Además, también se han hallado aves afectadas por la captura accidental en artes de pesca. Destaca el hallazgo de un alcatraz atlántico, el ave marina más grande de Europa, que fue anillado en Islandia cuando todavía era un pollo y que, tras solo ocho años de vida (la esperanza de vida de un alcatraz es de más de 16 años) fue hallado muerto en una playa de A Coruña con un anzuelo de palangre en el estómago. De hecho, los primeros resultados del seguimiento de aves orilladas demuestran que la captura accidental en palangres es la principal causa de muerte en especies tan amenazadas como las pardelas.

Aunque la contaminación y las interacciones con artes de pesca son las amenazas más directas que las aves marinas tienen que afrontar en el mar, hay amenazas menos visibles, ha recordado la organización, como la sobrepesca y los efectos del cambio climático en las corrientes oceánicas, que hacen que el alimento de las aves marinas sea más escaso de lo normal. Esto favorece que las aves estén más débiles para afrontar unos temporales que, a causa del cambo climático provocado por la acción humana, son cada vez más frecuentes e intensos.

Foto: Aitor Rincón García

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