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Los tiburones pueden perder el olfato por el incremento del CO2

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La acidificación de los océanos como consecuencia de las mayores concentraciones de dióxido de carbono (CO2) podría despojar a los tiburones de su sentido del olfato en el futuro. Esto tendría «consecuencias significativas» para los ecosistemas marinos a nivel global, según un estudio de cuatro universidades americanas y australianas que ha sido publicado en la revista Global Change Biology.

Los investigadores estudiaron a 24 ejemplares de la especie de tiburón conocida como musela pintada (Mustelus canis) a los que repartieron entre tres canales de agua tratada con concentraciones distintas de dióxido de carbono: las 405 microatmósferas contabilizadas en la actualidad, así como las 741 y 1064 que se corresponden con las previsiones de cara a 2050 y a 2100, respectivamente, informa Georgia Tech.

A continuación, el equipo inyectó olor químico de calamar en los canales donde estaban los animales y descubrió que los individuos de los dos primeros grupos mostraban una conducta «normal» a la hora de rastrear y localizar la fuente del olor (pasaban el 60 por ciento del tiempo en aguas cercanas al estímulo olfativo), mientras que los del tercer grupo, sometidos a una mayor cantidad de CO2, ignoraban de forma «significativa» las pistas olfativas (pasaban solo el 15 por ciento) y actuaban menos como depredadores.

Según los investigadores, la absorción de CO2 por parte de los océanos  provoca una reducción del pH de sus aguas y los acidifica. Este proceso afecta a la conducta de los peces al afectar el normal funcionamiento de GABAA, un receptor presente en el sistema nervioso de la mayor parte de organismos marinos y que es vital para que neuronas de los animales se activen correctamente, informa Europa Press.

«Los tiburones son como un sentido del olfato andante, por lo que las pistas de origen químico son fundamentales para ellos a la hora de encontrar comida. Nuestro estudio muestra que su conducta tanto de rastreo como de ataque se vio afectada de forma significativa por los niveles de CO2. Es como si no les interesara su comida», señala la profesora asistente en la Escuela de Biología del Instituto Tecnológico de Georgia (Estados Unidos), Danielle Dixson.

Dixson explica que durante el estudio, se optó por el uso de pistas olfativas como cebo para poder centrarse específicamente en la detección química de los tiburones, que habrían localizado a su presa a través del oído o los impulsos eléctricos de haberse empleado animales vivos.

La investigadora añade que, al haberse realizado dentro de un laboratorio, el trabajo no basta para evaluar de forma completa los efectos potenciales de la acidificación de los océanos en las habilidades de la musela pintada como depredador. En este sentido, anticipa que se han planeado estudios en el futuro sobre cómo este fenómeno influye en otros sentidos de los tiburones. «Los tiburones son una especie antigua y ya han mostrado capacidad para adaptarse a la acidificación de los océanos con anterioridad. Pero nunca se han tenido que adaptar a cambios a la velocidad con la que suceden en la actualidad», concluye.

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