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¿Qué pasa con el cangrejo rojo?

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Si hay un animal que esté estrechamente relacionado con la localidad de Isla Mayor, en Sevilla, es el cangrejo rojo. Una especie que habita en este término municipal situado en las marismas del bajo Guadalquivir y el Parque Natural de Doñana, y que está incluida en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras. Lleva medio siglo en este municipio y es parte del sustento de muchas familias. En 2011 fue incluida en el citado catálogo, aunque un Real Decreto permitió su comercialización y pesca. Ahora, el Tribunal Supremo ha atendido las denuncias de Ecologistas en Acción, así como de otras entidades conservacionistas, y ha anulado el decreto.

El alcalde de Isla Mayor, Juan Molero, ha defendido que el cangrejo rojo está totalmente asentado en la zona. “El cangrejo rojo lleva más de 50 años en el municipio y estamos acostumbrados a vivir con esta especie. Su regulación y mantenimiento bajo control, de hecho, viene gracias a la pesca, porque sin la pesca sí sería una especie invasora y bastante perjudicial”, Ha explicado Molero.

Por su parte, Ecologistas en Acción, SEO/Birdlife y la Asociación para el Estudio y Mejora de los Salmónido –asociaciones que presentaron el recurso de prohibición– se han mostrado contentas por la sentencia, ya que se cumple la ley con una de las veinte especies exóticas invasoras más dañinas de España. “Debería haber reconversiones, como ocurrió con las navieras. El cangrejo autóctono es igual de rico que el otro. No se trata de que la gente deje de pescar o comer cangrejos, sino de amoldarnos a lo que es sostenible. Mantener una especie autóctona y una invasora resulta insostenible”, informa José Luis Anguita, experto en biodiversidad de Ecologistas en Acción.

El cangrejo rojo en la naturaleza

Esta especie fue introducida en España en los años 70. Desde entonces se ha hecho con un hueco en la vida de muchos. ¿Qué tiene de perjudicial? En primer lugar, está echando al cangrejo autóctono, ya que es una especie portadora de enfermedades que acaban con este. Además, tiene un gran impacto en humedales y ríos, especialmente para los arroceros, que se encuentran con agujeros hechos por estos animales en sus parcelas.

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