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El santuario de las orcas con atún rojo en el menú

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Ni comen tiburones, ni delfines, ni ballenas, ni hombres, por supuesto, pese a que Hollywood haya querido meternos en la cabeza lo contrario. Las orcas ibéricas adoran el famoso atún rojo de las costas de Cádiz. Surcan las aguas entre el Estrecho de Gibraltar y el golfo de Cádiz desde hace más de cinco mil años, cuando los fenicios ya nos hablaron de ellas. Los biólogos que mejor las conocen las llaman ‘ibéricas’ y solo quedan cinco familias con 59 miembros en total. Están amenazadas por un futuro muy oscuro y para ellas nace un santuario de las orcas.

El santuario de las orcas

Se trata de una población única, que está aislada genéticamente de sus manadas vecinas del Mar del Norte o de las islas Canarias. La degradación de su hábitat, el ruido submarino de las perforadoras o la contaminación que produce la suciedad vertida al océano, son algunas de las causas principales de su peligro. Una especie amenazada, que ha sido estudiada la doctora Ruth Esteban Pavón y el experto Renaud Stephanis. Esta investigación ha servido para que el Gobierno haya puesto en marcha un Plan de Conservación de la Orca del Estrecho y el Golfo de Cádiz. ¿En qué consiste? Se trata de un santuario de las orcas con 151.061 hectáreas comprendidas entre la ensenada de Barbate, Conil y Banco Majuán, la isla sumergida cerca del Estrecho de Gibraltar.

Estas familias de orcas nacen y mueren en el mismo sitio desde hace miles de año y nunca se han desplazado. Esto las hace únicas genéticamente. Quince años después de que los expertos dieran la voz de alarma nace este plan por el que se unen 10 especialistas en la conservación y el medioambiente marino. Han navegado más de 80.000 kilómetros y analizado más de 200.000 fotografías de aletas dorsales. Además, se han realizado marcas para seguir por satélite a estos cetáceos y realizado biopsias para estudiar datos genéticos y contaminantes.

El atún rojo y la orca ibérica

La supervivencia de esta especie está ligada a la del atún rojo. De este manjar se alimentan en exclusividad cuatro de las cinco familias que quedan, la última también tomo atún rojo, pero lo mezcla con otro tipo de peces. Las manadas cazan los atunes mediante la técnica del agotamiento, forman una malla entre los miembros separados por 100 o 150 metros y persiguen a los túnidos a gran velocidad hasta que los agotan en unos 30 minutos.

Los expertos aseguran que los trabajadores de las almadrabas deben estar tranquilos. “No hay problemas, los pescadores pueden seguir capturando el atún como siempre han hecho. Estas orcas llevan miles de años compartiendo su espacio con las almadrabas”, asegura Stephanis.

El riesgo de extinción es alto y ya han almacenado material genético para evitar que se pierda del todo la especie.

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