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Gracias a su oído detectan cuando llueve

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Mucho más fiables que un meteorólogo. Los sapos y las ranas son capaces de saber cuándo va a llover gracias a unos detectores sísmicos que tienen en su oído interno. Eso al menos es lo que asegura un grupo de investigadores que han estudiado a dos especies de anfibios distintas en el Parque Natural de Doñana. Se conocía la existencia de esta parte del oído interno de estos animales, pero no su utilidad. Sus resultados han sido publicados en la revista Current Biology.

El oído interno del sapo

Tres partes fundamentales tiene el oído del sapo. La primera de ellas sirve para percibir la frecuencia de los sonidos y las otras dos se encuentran en la parte interna. Son capaces de percibir frecuencias tan bajas como las vibraciones del suelo. ¿Para qué servían? Era todo un misterio.

Ha quedado resuelto gracias al experimento que ha liderado Rafael Márquez, investigador y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales. En 2012 se trasladó con su equipo a Doñana para grabar el sonido de la lluvia con idea de reproducir las vibraciones que esta produce de forma artificial. Un año más tarde regresaron para instalar unos cercados, que estaban separados, e introducir en ellos a 64 ejemplares de anfibios de dos especies distintas. La idea era tenerlos localizados y controlados en sus condiciones naturales.

Las ranas y los sapos suelen pasar los veranos enterrados. Pueden llegar a estar hasta más de medio metro de profundidad. En la época de lluvias salen a la superficie. Se forman charcas y aprovechan para comer y reproducirse. Se activan de noche y se entierran de día.

La lluvia y los anfibios

En una primera prueba, se eligió a un grupo para generarle vibraciones artificiales como si fuera lluvia a 10 centímetros de profundidad durante dos horas. Ambos grupos salieron a la superficie, pero el que percibió las vibraciones lo hizo 26 minutos. Otra noche sin lluvia repitieron el experimento a la inversa con resultados similares. “Eso nos demuestra que los sapos percibieron las vibraciones, que las interpretaron como lluvia y que utilizaron esa capacidad sísmica que tienen en su oído”, asegura Márquez.

Este estudio ha servido para conocer en profundidad las partes internas del oído de los sapos, pero también para abrir nuevas vías de investigación sobre las vibracions que perciben estos animales y que son generadas por la actividad humana.

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